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La
graciano de Rioja, la parraleta del Somontano y la Tintilla
de Rota -una casta tinta poco conocida del marco de Jerez
cuya buena calidad siempre ha sido comentada por gentes del
vino en Andalucía- son en realidad la misma variedad
de uva. Jamás se había sospechado hasta ahora
esa identidad común de tres castas consideradas minoritarias,
aisladas y de origen mal conocido. Es hasta la fecha el resultado
más espectacular del trabajo de un equipo de investigadores
españoles que desde 1998 aplica técnicas de 'fotografía
genética' similares a las que han hecho la fama de la
doctora Carole Meredith, de la Universidad de California en
Davis.
Racimo de parraleta del Somontano.
Otro llamativo resultado de los trabajos de estos investigadores
-en este caso, se trata de un trabajo de Inmaculada Rodríguez,
Juan Chávez y Félix Cabello, con técnicas
a la vez ampelográficas e isoenzimáticas- es que
las 406 muestras recolectadas y ya estudiadas, inicialmente
adscritas a 47 castas españolas, han resultado pertenecer
en realidad a 116 castas, lo cual revela que en nuestro país
tenemos una riqueza varietal mucho mayor de lo que la ampelografía
tradicional reconocía: bajo un mismo nombre se están
englobando en nuestras zonas vitícolas castas absolutamente
diferentes. Frente a esos casos, conocidos como 'homonimias',
tenemos también varios -algunos, ya conocidos o intuidos-
de 'sinonimias': la misma variedad con varios nombres.
Así, ese estudio establece, por primera vez de manera
firme e incontrovertible, la identidad entre la tinta de Toro
y la tempranillo, a la vez que confirma que esta última
es igual a cencibel, tinta del país y demás variantes
regionales. También se confirma que la jaén blanco
de Granada es idéntica a la pardina o cayetana de Extremadura.
En cuanto a homonimias, llama la atención que la albillo
de la Ribera del Duero sea totalmente diferente de la albillo
cultivada en Madrid, lo cual abre a su vez interrogantes sobre
la identidad exacta de otras 'albillo', como la cultivada en
la parte albaceteña de la Manchuela.
Investigación madrileña
El proyecto general, que debe estar completado en 2002, se realiza
en el Instituto Madrileño de Investigación Agraria
y Alimentaria (IMIA) y está titulado "Caracterización
del Banco de Germoplasma de Vid de 'El Encín' mediante
marcadores moleculares: microsatélites (STMS)".
'El Encín' es la finca experimental del IMIA en Alcalá
de Henares. El objetivo principal del proyecto es crear en cuatro
años una base de datos de 'microsatélites' con
unas 1.000 accesiones (muestras) del Banco de Germoplasma de
Vid de la Comunidad de Madrid (BGVCAM), incluyendo todas las
castas pertenecientes a las distintas Denominaciones de Origen
españolas. El responsable de este proyecto de investigación
es Joaquín Borrego.
Los investigadores relacionados han ido revelando datos de sus
descubrimientos a medida que se realizaban. Este año,
los resultados de un `Proyecto de caracterización con
ADN' realizado por Joaquín Borrego, Javier Ibáñez
y Maite de Andrés han aparecido en `La Semana Vitivinícola'.
Dos grupos diferentes de trabajo del IMIA también han
hecho una presentación en un congreso científico
en Montpellier (Francia), que será publicada durante
2001 en 'Acta horticulturae': uno, el citado grupo de Rodriguez,
Chávez y Cabello; el otro, el dedicado a la caracterización
molecular con ADN, en el que se analizaron solamente 74 castas.
Ese texto ha sido obtenido por elmundovino.com.
Para los próximos meses se anuncian nuevos informes parciales,
éstos sobre las castas -o, al menos, los 'nombres/cajón
de sastre'- malvasía y torrontés, de los que se
sospecha desde hace tiempo que son un verdadero nido de homonimias,
de diferentes castas unidas bajo un mismo nombre. Joaquín
Borrego, Javier Ibáñez y Maite de Andrés
son, una vez más, los responsables de estos estudios.
En el trabajo presentado en Montpellier indican los investigadores
madrileños: "El análisis de microsatélites,
por sí solo, ha establecido que la graciano (DOC Rioja),
la parraleta (DO Somontano) y la tintilla de Rota (casta tradicionalmente
cultivada en Jerez) son el mismo genotipo". Esta triple
identidad es "probablemente el resultado más sorprendente"
obtenido en los estudios, "ya que no estaba disponible
una información ni morfológica ni de isozimas,
y no se sospechaba que dicha identidad existía".
Las técnicas empleadas son las que están aplicando
equipos científicos del mundo entero, bajo el liderazgo
del departamento de genética de la Universidad de California
en Davis, que dirige la doctora Carole Meredith, famoso ya por
sus trabajos definitivos sobre las castas cabernet sauvignon,
zinfandel, petite sirah, syrah y la familia nacida del cruce
entre pinot y gouais blanc.
Ventajas del análisis del ADN
En 'La Semana Vitivinícola', el equipo madrileño
explicaba así su técnica: "En los últimos
años se han desarrollado técnicas de biología
molecular que se han utilizado con éxito en la identificación
de variedades de vid. Estas técnicas basadas en el análisis
del ADN son preferibles [a la ampelografía tradicional]
por varias razones: se obtienen los resultados de forma rápida
(dos días en casos óptimos); no dependen del ambiente
(los resultados son los mismos para una determinada variedad,
ya sea cultivada en Galicia o en Almería) ni del momento
del ciclo biológico de la planta (bien en brotación,
floración, envero... , incluso en reposo vegetativo);
se pueden tomar muestras en cualquier momento (el ADN se puede
obtener de la hoja, del sarmiento, incluso de la baya) y el
número de marcadores es potencialmente ilimitado. Por
todo ello estas técnicas se han extendido considerablemente
en todo el mundo en los últimos tiempos".
Y continuaban: "Entre los métodos basados en el
análisis de ADN (los 'marcadores moleculares') destacan
los que examinan las secuencias microsatélites. Estos
marcadores se denominan STMS, siglas en inglés que significan
'Zonas Microsatélites Marcadas por Secuencia'. Esta técnica,
utilizada adecuadamente, permite la distinción entre
dos variedades cualesquiera de vid con la única limitación
de los mutantes somáticos (clones), es decir, distingue
dos plantas de vid siempre que no provengan del mismo embrión
original. Los microsatélites son zonas del ADN que muestran
mucha variabilidad, de forma que son idóneas para diferenciar
variedades".
El material reunido en El Encín, inicialmente dividido
en 47 'grupos varietales' por sus nombres oficiales, y que ha
acabado revelando 116 castas distintas, incluía colecciones
particularmente numerosas de muestras (o accesiones) distintas
de las siguientes variedades, o supuestas variedades: garnacha
tinta (37 accesiones), moscatel (30), tempranillo (28), albillo
(25), palomino (22), garnacha tintorera (19) y malvasía
(18).
El papel de la ampelografía
Conviene recordar, sin embargo, que desde el punto de vista
vitícola y enológico la ampelografía (la
ciencia que diferencia descriptivamente las castas, por la apariencia
de las partes de la planta, en particular las hojas) sigue siendo
necesaria porque, justamente, diferencia entre esos "mutantes
somáticos" o clones a los que se referían
los investigadores del ADN. Y en la elaboración del vino
estos clones pueden llegar a ser decisivos.
Así, por proclividad de una casta a irse transformando,
o por adaptación de una casta durante siglos a un marco
diferente -de suelo, subsuelo, clima, etcétera-, el resultado
puede ser una serie de variedades de comportamiento muy distinto.
A la segunda categoría, la geográfica, de transformaciones
pertenecen, por ejemplo, la tempranillo riojana y la tinta de
Toro, ya mencionadas en este estudio: su apariencia y su comportamiento
en viticultura y en elaboración son muy distintos. En
cuanto a la capacidad de 'autotransformación', ahí
está la familia pinot, de origen borgoñón.
En California-Davis han determinado que, genéticamente,
todas sus subfamilias son idénticas: pinot noir, pinot
blanc, pinot gris, pinot meunier son las principales, pero no
las únicas. Cualquier elaborador sabe que esas castas,
unas tintas y otras blancas, se comportan muy diferentemente
las unas de las otras, y por ello necesitan ayudarse con la
ampelografía.
¿Sucederá lo mismo con la parraleta, el graciano
y la tintilla de Rota? (Y, agregamos nosotros, con la morrastel
del Languedoc, ya identificada por los ampelógrafos franceses
como idéntica a la graciano, o con la tinta miúda
de Portugal, que los expertos lusos también consideran
igual a esa casta riojana...). Es hora de que, en el campo y
en la bodega, los ampelógrafos, los viticultores y los
enólogos las comparen en sus propios terrenos de actividad.
La investigación genética les ha abierto esa posibilidad,
y eso es importantísimo. Pero no ha respondido -ni es
ésa su misión- a todos los interrogantes.
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